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Soy Paola, maquilladora profesional, nacida en Valle Fértil, San Juan.

Mi historia comienza mucho antes de crear una marca. Comienza en la casa de mis abuelos, junto a mi querida Mamita Kya.

Ella fue la mujer más generosa, humilde, trabajadora y amorosa que conocí. Crecí viéndola cultivar flores, plantas aromáticas, verduras y frutas. Nuestra huerta era nuestro pequeño universo.

La menta, la manzanilla, la salvia, el romero, la melisa… cada planta tenía un propósito. Con ellas preparaba infusiones, aceites para masajes, remedios caseros y todo tipo de cuidados que nacían del amor por la naturaleza.

Todavía hoy, si cierro los ojos, puedo volver a ese lugar. Puedo sentir el aroma de la madreselva, de la menta recién cortada, del tilo, de las hierbas entre mis manos.

Ese recuerdo nunca dejó de vivir en mí.

A los 13 años me mudé a Buenos Aires, pero ese mundo siguió acompañándome en silencio.

Muchos años después, en 2019, viajé sola a Japón. Caminando entre los cerezos en flor, en plena primavera, pensé profundamente en mi abuela. En ese momento no entendí por qué. Hoy sí.

Al regresar llegó la pandemia.

Mientras el mundo se detenía, comencé a hacer vivos de Instagram enseñando maquillaje para acompañar a las personas desde sus casas.

Pero sentía que faltaba algo.

No quería solamente enseñar a maquillarse.

Quería cuidar.

Quería acompañar.

Quería regalar un momento de bienestar.

Entonces empezamos, juntos, a crear tónicos con menta, manzanilla y salvia, bálsamos para labios con ingredientes simples, polvos para controlar el brillo, recetas naturales con lo que había en cada cocina.

Sin darme cuenta, ahí estaba naciendo KYA.

Cuando terminó la pandemia decidí transformar esa experiencia en un proyecto serio, responsable y profundamente respetuoso de la piel.

Conocí a las personas que me ayudaron a desarrollar las formulaciones y comenzó una nueva etapa.

Solo faltaba un nombre.

Busqué muchísimos.

Quería que fuera corto, fuerte, suave, único y fácil de recordar.

Hasta que un día apareció. Como esas respuestas que simplemente llegan.

KYA. El nombre con el que siempre llamé a mi querida abuela.

No fue una estrategia de marketing. Fue un homenaje y también una promesa.

La promesa de que cada producto llevaría consigo la misma dedicación, el mismo cuidado y el mismo amor con el que ella cuidó de nosotros.

Hoy cada fórmula está inspirada en esos recuerdos.

En los aromas que marcaron mi infancia, en el poder de las plantas, en el respeto por la naturaleza, en el bienestar verdadero.

KYA cosmética natural elaborada con ingredientes cuidadosamente seleccionados, libre de sulfatos, parabenos y componentes innecesarios para la piel.

Porque creemos que cuidarnos también puede ser un ritual.

Que un aroma puede devolvernos a un abrazo.

Que una textura puede transmitir calma. Y que la naturaleza sigue teniendo mucho para enseñarnos.